Un viaje

viernes 30 de octubre de 2009











Hay gente que decide pasar varios meses de su vida en un viaje sabático viendo mundo.

Comprendo que puede ser muy interesante y enriquecedor. Pero ¿no es mucho más delicioso un viaje a las profundidades de uno mismo?




Mi otaku

martes 27 de octubre de 2009














"Este año he conocido a un otaku y me he hecho amigo de su pandilla de otakus. Y estoy mucho más contento. Lo que siento, es lo que siento. Son más jóvenes que yo, pero no se han dado cuenta, o no les importa."

Lo dijo Astrud, y me ha pasado a mí, hace meses. El pequeño otaku viste como un rapero más que como un aficcionado al manga y al anime, pero esto último lo lleva por dentro. Le gusta la música electrónica, y el drum&bass. Y en su casa, he asistido la mayor y mejor organizada fiesta de mi vida.

Nos lloramos en el hombro, los días pares él y los impares yo. Me cuenta su vida en pequeños capítulos. Los de la mía son como miniseries. Nos reimos, y nos extrañamos de lo distintas que fueron nuestras infancias.

Me he encontrado con un hermano. Un hermano menor que a veces se comporta como el mayor. Ojalá esta hermandad dure mucho, por ejemplo, para siempre.

Cada vez que escucho la canción, me entran escalofríos. Hay canciones que parece que te están leyendo el alma, y el futuro.



Un añito

viernes 23 de octubre de 2009










Mira tú por dónde, un año desde que comencé esto.

Sin fé en que duraría. Con ganas de que durara. Y tantas cosas en medio...

Tantas gracias a toda la gente que me ha animado. Todos los que me han ayudado a seguir adelante. Sin vosotros no seguiría. No me atrevo a poner nombres, por miedo a que se me quede alguien en el tintero, cosa que no sería capaz de perdonarme.

Gracias a los que me comentan, por escrito o a viva voz. Desconozco si habrá alguien que no se atreva a comentar y me lea... ¡sería tan extraño!

Y como Lina Morgan...




Y que os quiero

El asombroso viaje de Pomponio Flato (Eduardo Mendoza)

martes 20 de octubre de 2009














Hace tiempo, en éste blog pedí sugerencias para leer, y una de ellas fué "El asombroso viaje de Pomponio Flato" de Eduardo Mendoza, sugerido por DAC (muchas gracias). En mi opinión es un libro genial que no dejo de recomendar a mis amigos.

El título atrae más bien poco, y tal vez la sinopsis de la contraportada tampoco le haga mucha justicia.

La maravilla del libro es que está escrito en un lenguaje tan rebuscado que a veces te gustaría tener un diccionario al lado. Pero los cultismos hacen que el humor que desprende, que pudiera llegar a ser chabacano con otras palabras, sea sutil y distinguido.

La novela está protagonizada por un romano (Pomponio) al que le ha llegado la noticia de que existe un manantial que otorga la sabiduría. A causa de ir probando de todos los manantiales con los que se cruza, le viene una diarrea que le durará meses. Y en el siglo I, los transtornos intestinales eran menos divertidos aún.

En estas condiciones, debido a su calidad de "sabio", alguien le pide ayuda para clarificar un caso de asesinato.

En resumen, se garantizan intriga, risas, y un probable enriquecimiento de vocabulario.


Autodestrucciones

sábado 10 de octubre de 2009














Me ocurre a veces que estando en una discoteca, con el humo, la música, la gente... me aparto y salgo fuera de mí. Me proyecto como un ente y abandono mi cuerpo.

En esos momentos soy el tipo que está con un pie apoyado en la pared, con una mano en una copa ya sin hielos y la otra en el bolsillo, mirando las luces vidriosamente, viendo el cielo que no hay.

Veo mi imagen y la del resto de los que están allí, y esta vez me he preguntado el por qué de la búsqueda de la autodestrucción por el placer. Yo, destrozando mi hígado por el garrafón y mis pulmones por el tabaco. El resto del lugar... a saber.

¿Tan poco apreciamos nuestra vida? ¿tan bien nos han vendido la fiesta desenfrenada? ¿somos tan incapaces de relacionarnos sin deshinibirnos, sin utilizar sustancias que nos lo permitan? Es difícil para mí imaginar una fiesta sin alcohol.

Para llegar al colmo del asunto, me siento solo, y no puedo confiárselo a nadie. Me rescatan: "¿qué te pasa?". Sonrío. "Nada", digo. Y me vienen a la mente aquellos versos de Becquer, que terminaban: "es que tengo alegre la tristeza y triste el vino".

La colina de las cerezas

miércoles 7 de octubre de 2009













No se puede tener contento a todo el mundo. Debes asumir que la gente pasa por tu vida, y solamente una pequeña parte te acompañará un largo trecho. No hay que entristecerse por ello más de lo debido.

Amores, amistades, familiares... vienen y van, como arrastrados por una misteriosa fuerza, que les atrae y les repele. Algunos se alejan físicamente, mientras que otras veces hay un distanciamiento social, espiritual, mental, que hace que estén a universos de tí, cuando alguien en la otra punta de España o incluso del planeta parece que se encuentra a tan solo un abrazo de distancia.

La vida mientras tanto, rueda como bajando montañas, tomando inercia, a pesar de no haber encontrado un camino. Tal vez encontremos sentido, cuando lleguemos a la colina de las cerezas...





Esta noche: violencia

sábado 29 de agosto de 2009










Me duele que lo sepan mis próximos, aquellos que leen el blog y están a mi lado. Pero esta noche experimenté de nuevo (hacía muchos años que no ocurría) eso de la violencia nocturna.

Generalmente voy con gente muy pacífica, con la que pasarlo bien de fiesta es lo imprescindible. Y esta noche, en general también lo hice.

Pero no puedes evitar situaciones que te ponen en peligro, es como aquello de que si conduces un coche puedes responsabilizarte de tu estado, pero no del de los demás.

Y esta noche ocurrió. Un amigo le dijo algo a una chica (¿hola?) y el tío que estaba con ella se le encaró. Hizo muy bien en apartarse, pero yo como un idiota le dije que la noche es para disfrutar y pasarlo bien. Me dijo que trajera a mi amigo allí, que lo solucionarían en el baño (pegándole 5 contra uno, se supone) y yo insistí en que no queríamos problemas.

La dialéctica con becerros no surte efecto, y me sacudieron dos golpes que me dejaron sangrando la nariz.

Así salí del local, y los porteros me metieron de nuevo dentro para que me limpiara y explicara lo ocurrido. Dijeron que ellos solucionarían el resto.

No quería que se agravara más. Yo soy pacífico por naturaleza, hasta el grado de la mansedumbre, y marché de allí con mi amigo.

Está claro que el efecto de las drogas no te hace violento. Pero por lo que sé, la cocaína es un buen lubricante para ello.

Yo fluí idiota tratando de dialogar con quienes no eran capaces. Tú no lo seas. No lo hagas. Siempre elúdeles.

Más tarde, me enteré que el culpable de mis manos manchadas de mi propia sangre formaba parte del cuerpo del ejército español...

Pero no me voy a asustar. La noche fue genial excepto por esto. No se merecen mi miedo.

Siempre seguiré siendo un giraluna.